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La Casa de Ámbar

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La Casa de Ámbar

Mensaje por Braktz el Lun Sep 26, 2011 2:19 am

Resumen: A veces la vida no es tan fácil... Y menos para unas cortesanas de los años 1700. Siete chicas que sufrieron y amaron... Aunque amar costase tanto.
Género: Generales
Categoría: Fanfic Original
Advertencias: Lemon, muerte y lenguaje obsceno.
Nota: La escribí hace poco. Me inspiré en esta historia mientras veía "La esclava Isaura". También está publicada en Mundo SasuSaku.


La Casa de Ámbar
Prefacio

Las interminables gotas de lluvia caían sin cesar en el techo rojo y desgastado de la antigua mansión de Mary Ann. Aún después de la segunda guerra mundial, aquella mansión se mantenía de pie como estandarte, como si no quisiese caerse jamás. A pesar de que la famosa “Casa de Ámbar” quedara al sur de Alemania y datara de los años mil setecientos, todo el panorama desolador, frío y con horribles patrones de muerte alrededor, no habían opacado ni por un segundo la historia que aquella casa albergaba en su interior. Dos soldados americanos con muchas curiosidades encima, habían entrado después de corretear a los que quedaban del ejército alemán, la tropa a la que pertenecían ya los había capturado y ahora ellos dos se encontraban libres de todo deber. Después de tanta guerra, necesitarían un largo descanso, agradecían que estuvieran vivos para volver a su querido Estados Unidos de Norte América. El primer soldado llamado Bryan, frunció el ceño y se tapó la mitad de la cara con su mano derecha en señal de asco y molestia por el polvo que había caído y por el olor a podredumbre en ese lugar, Thomas, el segundo combatiente, lo imitó con menos expresividad, pero sí con una cara de aborrecimiento terrible.
A simple vista, aquel lugar parecía más abandonado que un mausoleo, las paredes estaban roídas, el techo ya daba señales de desplomarse en cualquier momento y el piso ya parecía tierra para criar bichos rastreros. Entraron con cautela mirando hacia todos los lados pisando insectos y suciedad por el camino. Sus rostros antes asqueados, ahora se encontraban levemente impresionados por las pinturas que aún seguían adheridas a las paredes ya podridas de la estancia… Se podía ver claramente que aquella gran mansión… no era una “cualquiera”. Era un antiguo burdel. ¿Cómo se dieron cuenta de aquello? Por las pinturas. Si, por los retratos sin pudor y libidinosos que se podían apreciar al entrar en la casa. Mujeres desnudas, con vestidos cortos, con las piernas abiertas, con maquillajes estrafalarios o incluso con vestidos de grandes señoras. La puerta se cerró de golpe dejándolos a los dos en una oscuridad terrible y en pánico, no estaba haciendo mucho aire, así que a los soldados les pareció un poco extraño.

— ¡Creo que las putas quieren compañía! — Exclamó Bryan en tono bajo y lúgubre con su perfecto acento norteamericano. Sin embargo, a Thomas no le pareció nada gracioso, no veía nada y eso ya le estaba empezando a parecer tétrico. No es que creyese en fantasmas pero… ¿Si el cierre de la puerta había sido a causa de un alma en pena? Desechó aquello de inmediato, esas cosas no existían.

— ¡No hagas bromas, Bryan! — Bramó el rubio con tono tembloroso, pero eso se notaba a penas —, ya tendríamos que estar con el pelotón — Regañó frunciendo el ceño, aunque el castaño claro de ojos azules no lo viera.

— Vale, no te enfades — Pidió el aludido con falso tono de comprensión —, solo daremos unas vueltitas por esta casa vieja ¿Está bien? — Sugirió con un poco de sorna al saber la reciente cobardía de su astuto e inteligente compañero.

Thomas había notado la ironía en el tono de voz de Bryan, pero no quería empezar a discutir por cosas sin sentido.

— Está bien — Aceptó dando un profundo suspiro y sacando su linterna de bolsillo mientras el castaño lo imitaba al paso —. No te separes de mí — Aunque sonó como una orden, en realidad el rubio de ojos verdes estaba más que asustado… ¡Que no creía en los fantasmas vale!

Bryan no dijo nada más, si había algo peor que estar a obscuras, ese algo era buscarle la lengua a su compañero Thomas, porque cuando se agarraba, se agarraba en serio con sus batallas verbales. El castaño siguió al pelirrubio hasta el final del largo pasillo de la mansión, muy en el fondo se podían observar un poco de luz, o más bien, mucha proyección de luz. Al llegar, miraron con fascinación aquel gran ventanal de marco blanco y de casi dos pisos que se alzaba ante ellos, en un principio desde la puerta por la que habían entrado, no se veía el mirador, ya que este era tapado por una pared que separaba el salón (donde se encontraba el ventanal) y de las escaleras de madera rota y descuidada. Aquella sala era amplia, habían varios muebles de color crema ya rotos, pero que a simple vista habían debido de ser muy caros en su época; en el centro había una gran mesa blanca de café con diminutas patitas y un jarrón con unas flores muertas desde hace años. Las paredes estaban llenas de retratos de músicos y cuadros de señoritas muy decentes (en comparación con las primeras que habían visto al entrar). El retrato que más le llamó la atención a Thomas, fue un cuadro que estaba justo debajo del ventanal. Había siete chicas, todas con vestidos elegantes y la del medio parecía ser la mayor. Se acercó cautelosamente mientras Bryan aún inspeccionaba hacia otros lados de la estancia.

— ¡Eh! Bryan. ¡Ven a ver esto! — Casi chilló con éxtasis cuando el ojiazul se acercó a él y le miró interrogante —. ¿Ves? Mira este retrato — Señaló a las siete hermosas chicas a la vez que observaba la mirada un poco asombrada de su compañero.

— Y yo que pensé que en ese tiempo las prostitutas eran feas — Admitió con maravilla recordando los escritos de su tatarabuelo —, estas estaban como les daba la gana, ya estoy empezando a sospechar que esto no era un burdel — Concluyó en un suspiro forzado, ojalá su novia de ahora fuese tan bonita. No es que no la quisiese, pero es que había caído embrujado por el cuadro de aquellas chicas.

— Mis niñas siguen siendo deseadas — Una voz de ultratumba, causó que Bryan y Thomas se voltearan hacia el sillón de un salto. Aquel mullido sofá antes vacio (por lo menos cuando le habían echado un vistazo) ahora era ocupado por una… muchacha. Si, extrañamente era una joven. Lo que más le llamó la atención a Bryan es que esa joven estuviese en el retrato de época y que tuviera un color de pelo tan extraño, era un castaño rojizo que simulaba muy bien a las piedras ámbar.

— ¡Un fantasma! — Gritó el ojiverde de inmediato tratando de correr hacia todos lados mientras la joven los seguía mirando inexpresivamente.

— ¿Tenéis algún problema con que sea un fantasma? — Inquirió la chica con voz suave, casi hipnótica.

— ¡Oh ninguno! — Contestó Bryan rápidamente, los nervios y terror de estar frente a un espectro (aunque muy bella) le causaban pensar rápido. Thomas lo miró y escaneó con los ojos casi desorbitados como si estuviera loco —, es un honor conversar con un… espíritu — Mencionó algo desconcertado arrugando un poco el entrecejo y jugando (inconscientemente) con sus dedos como si fuese un crío.

— Esmeralda, Ágata, Rubí, Zafiro, Jade, Ónix… — Soltó incoherentemente la chica con la mirada perdida trazando círculos es su propia rodilla derecha.

¿Los fantasmas podían ser tan reales? Ninguno de los dos lo sabía. Pero aquella chica… esa sí que era real.
— ¿Cómo es que sales en ese retrato y te vez tan joven? — Interrogó Thomas en un repentino arranque de valentía… ¡Que no creía en fantasmas!

— Morí a los treintaicinco — Soltó la castaña rojiza de ojos color miel con voz neutra como si estuviese hablando del clima.

Bryan y Thomas se miraron con pánico, cualquier otro hubiese salido corriendo como alma que lleva el diablo, pero ellos no. Ellos querían saber porque esa casa tenía esa aura tan devastadora, no es que les gustara mucho los misterios y las historias de terrores antiguos, pero por alguna razón, algo les impulsaba a querer saber, tal vez era esa mirada de miel hipnótica la que se ponía a prueba al tratar de sembrarles curiosidad.

— ¿Y ese cuadro y los nombres…? — Cuestionó refiriéndose a la pintura y a los nombres de piedras preciosas que había mencionado.

— Primero que nada, os quiero dejar en claro que esta casa no era un burdel, no presten mucha atención a los cuadros de la entrada, eso era para llamar la atención — Continuó con el tono monótono de siempre desde que había empezado a hablar —, esto era una mansión para cortesanas, en nuestros tiempos las cortesanas estaban muy por encima de las prostitutas; mientras ellas no tenían nada nosotras sabíamos tocar piano, leer, escribir e incluso pintar y cantar. Nuestro sustento era mayor, teníamos una gran mansión — Habló señalando toda la sala —, teníamos vestidos caros y hasta llegábamos a enredarnos con príncipes — Murmuró ante la mirada atónita de los soldados — Todo empezó ese día… El día del retrato — Siguió con una voz que reflejaba un poco de tristeza entremezclada con emoción. Aunque sabía que eso era imposible, los fantasmas no sentían. No sabía muy bien cómo definir aquello.

— ¿Qué sucedió a raíz de eso? — Quiso saber Thomas de una vez por todas, ya le había tomado cierta confianza al asunto. Bryan lo apoyó asintiendo y observando la cara pálida y perdida de la rojiza.

— Comenzamos a recibir clientes, pero nosotras solo aceptábamos uno, éramos damas de compañía y no prostitutas, ademáis, sólo accedíamos al precio más alto que ofrecían por nosotras, cuando nuestro cliente ya no quería más, nos dejaba con buena suma de dinero o regalos y nosotras escogíamos otro cliente, tiempo después claro — informó en tono muy bajo, causando que los chicos se acercaran más a ella —, a partir de esa noche del retrato nuestras vidas cambiaron súbitamente como un rayo… cometimos un error, o fui yo la del error — Culminó con desesperanza.

— No estoy entendiendo del todo — Avisó Bryan un poco desconcertado y confuso, aunque por otro lado, Thomas parecía haber entendido todo de golpe.

— Solo debéis escuchar la historia… así, entenderéis — A pesar de verse muy joven, sus palabras sonaban sabias y un poco simbólicas.

La mirada de “Ámbar”, como ya la había apodado Bryan, viajó de su propia mano hasta el retrato finamente colgado en la pared con apariencia perdida. Ante los ojos del espíritu atrapado de la muchacha, aquella mansión ya no estaba oscura, ya no estaban las paredes podridas ni las escaleras roídas… ahora era la casa que solía ser. La Mansión de Mary Ann o La Casa de Ámbar, por cualquiera de los dos nombres era conocida… Y odiada.



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Re: La Casa de Ámbar

Mensaje por Jesho el Lun Sep 26, 2011 2:28 am

Shock La esclava Isaura. Chan chaan! la conozco. Muy intrigante. Quiero pronto la continuación.



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