Nadie sabe qué decir
Conectarse

Recuperar mi contraseña

Mouse Navigator
Últimos temas
» Sous la pluie
Vie Sep 14, 2012 4:13 pm por Janis-Kagamine

» Bleach
Lun Sep 10, 2012 7:05 pm por Janis-Kagamine

» Sky-Blue
Lun Ago 27, 2012 6:51 pm por Janis-Kagamine

» Koizora
Miér Ago 01, 2012 3:43 am por florash

» Paradise Kiss
Miér Ago 01, 2012 3:41 am por florash

» Por siempre Sola
Miér Ago 01, 2012 3:23 am por florash

» Léiriú
Sáb Jul 21, 2012 6:17 pm por Seymi

» Aoharaido
Lun Jul 02, 2012 2:50 pm por Seymi

» Last game
Dom Jul 01, 2012 10:33 pm por Seymi

»  Inu X Boku SS
Dom Jun 17, 2012 4:12 pm por Seymi

¿Quién está en línea?
En total hay 3 usuarios en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 3 Invitados

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 15 el Miér Oct 17, 2012 7:09 pm.

El día de todos los santos

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

El día de todos los santos

Mensaje por El Extranjero el Dom Oct 30, 2011 7:17 pm

*Resumen: Un funerario cansado de su trabajo recibe una visita un tanto inusual que logra capturar y llamar su atención, para posteriormente hacerse ciertas preguntas con respecto a la vida y a la muerte.
*Género: Narrativa.
*Categoría: Muerte
*Advertencias: No creo que resulte ofensivo, en ese caso gracias
*Nota: Recibí un premio por este cuento, espero les guste a ustedes, creo que tiene como dos errores de ortografía. Mi sintaxis, es un poco "peculiar" espero no les moleste. Gracias por leer.

Spoiler:
El día de todos los santos
El sonido constante de las campanas siempre se encontrará asociado a la muerte para un funerario, muchas personas pueden asociar esto con una boda, con alguna catarsis religiosa-emocional, pero Rubén no, para él la gran mayoría de sus días transcurrían entre la preparación del difunto, la muestra y entierro de éste. Escuchar y ver las lágrimas sinceras de familiares o amigos y los falsos sollozos de un montón de personas que en alguna ocasión llegaron a sentir alguna especie de afecto hacia el ahora cadáver, que por alguna decisión del azar desaparecía, eran los arquetipos que se repetían en cada triste ritual.
Todo esto le causaba más que aburrimiento, repugnancia, no soportaba tocar a los muertos, cambiarlos, colocar el cuerpo sin vida en la caja y mostrarlo cual si fuera un trofeo. No se debía a ninguna especie de asco hacia un organismo que comenzaba un proceso natural de descomposición, lo que le era insoportable, era justamente la muerte ¿Cómo podía existir algo tan indecente como eso? ¿Todo terminaba? ¿Y si la muerte como muchos lo han dicho, ocurría una vez que todos se han olvidado de tu existencia? Entonces, la vida no depende de uno, uno no decide cuando muere, sino los demás. Esa misma idea le revolvía el estomago.
Los días, el tiempo transcurría de manera lenta. Rubén pasaba toda su jornada ocupándose del negocio que había heredado de su padre, la funeraria gozaba de una buena reputación y era necesario, según las últimas palabras de su madre, mantener el buen nombre del negocio hasta que éste dejara de existir. A Rubén todo esto le causaba una indiferencia enorme, pero le daba dinero y lo mantenía ocupado, mientras más ocupado está uno, tiene menos tiempo de pensar en estupideces, se decía a sí mismo.
Una tarde de Julio mientras llamaba a uno de sus proveedores para obtener féretros a un precio más barato y ahorrarse algo de dinero, recibió la visita de un hombre que venía a preguntar sobre los costos de un funeral para su esposa que estaba por morir. Una persona madura alrededor de los sesenta o setenta años, llevaba unos zapatos desgastados y un traje que a pesar de notarse de buena calidad comenzaba a perder el color debido al uso. Su cabello principalmente se encontraba repleto de canas, pero aún se podían distinguir algunas líneas negras que se negaban a envejecer, sus ojos aún se mostraban atentos, sin embargo cansados, su piel estaba marcada por las cicatrices de los años, las arrugas, su vitalidad se encontraba limitada por el tiempo que había demacrado su cuerpo. La vejez es el limbo entre la vida y la muerte, es una lástima que uno se vea morir día con día ante el espejo, pensó Rubén.
El hombre se acercó de manera tímida, tenía una forma peculiar de caminar, arrastraba los pies y la suela de su zapato raspaba con el suelo, preguntó por los precios más económicos. Rubén respondió y se dedicó a mostrarle los féretros más baratos, él hombre solo los observaba y después de ver casi todos volteó a verlo.
—Mi esposa tiene cáncer, y está por morir, eso dijeron los médicos, no me queda de otra más que tener todo preparado para cuando pase.
No supo que responder, cuándo alguien recibe una noticia de esta naturaleza usualmente muestra sus condolencias, pero Rubén creía que tratar de decir algo que no sentía era tan hipócrita como el discurso de un político corrupto ante un campesino pobre.
—El cáncer es de estómago, se extendió a los pulmones y ahora no puede respirar, la alimentan por un tubo y apenas si puede hablar, esa sufriendo mucho, es como si cada vez que respirara le pasaran un serrucho por la garganta— continuó el hombre al ver que Rubén no sabía que responder.
—No pierde nada en creer que se puede recuperar, la esperanza es lo último que muere. Mire, yo no soy nada religioso, pero creo que si uno espera algo con muchas fuerzas, pues se puede llegar a cumplir— respondió Rubén, más por obligación que por convicción al notar que el hombre insistía en platicar del tema.
El hombre soltó un suspiro —Si, si puedo perder muchas cosas, si le das tú esperanza a alguien, éste termina por destruirte por completo, la esperanza es lo único que nunca se debería de entregar a alguien, pero muchas cosas nunca deberían de pasar y pasan—. Dijo el hombre mientras miraba y tocaba el féretro que más le había gustado.
—Como la muerte— respondió Rubén. El hombre al escuchar esto volteó y por primera vez miró a Rubén más allá que a un simple vendedor de ataúdes, sonrió y respondió.
—No crea, a veces la muerte nos libera de esto que vivimos, tampoco crea que estoy diciendo que la vida no vale, claro que vale, pero que valga más que la muerte no creo, si es que la muerte existe, porque con todo lo que yo he vivido empiezo a creer que no.
—Como no va a existir la muerte, y eso de compararlo con la vida me parece mucho, si en la vida pasan tantas cosas, uno siente tantas cosas, uno cree tantas cosas. La muerte, lo único que hace es acabar con todo eso, acaba con el cielo que vivimos, porque este mismo es el cielo, y en el cielo las cosas no son todas bonitas, para que sea cielo tiene que haber cosas malas también, como le dije, yo no soy nada religioso y pues eso de la vida después de la muerte yo no me lo trago.
—Pues eso de que si existe la vida después de la muerte no sé, y creo que nunca lo sabremos, pero de que existe la eternidad existe, hay momentos, en los que pareciera que el tiempo se detuvo de repente, que no está pasando nada más, que ya no va a seguir, entonces creo que le podemos dar una probadita a lo que es la eternidad, ni siquiera la muerte nos puede quitar eso— dijo el hombre volteando a verlo mientras seguía sonriendo de una forma peculiar, recordando a un hombre visitando un zoológico y divirtiéndose al ver a un gorila rascándose la cabeza.
Rubén notó esto y le invadió una pequeña sensación de ira ¿Quién se creía ese hombre para hablar así? ¿Su esposa moribunda le daba el derecho de hablarle como si él no supiera nada? Él mismo había experimentado la muerte de sus padres, estaba solo, había probado el néctar de la muerte y sabía lo agrio que era.
—Pues mis mamá se murió hace como cinco años y mi papá como hace diez, y si pudiera tenerlos aquí vivos pues sería mejor que tenerlos ahí muertos, sin que ayuden a nadie en nada.
—Mi esposa está muriendo, y quiero que muera, estoy seguro de que ella también quiere morir, prefiere morirse antes que soportar meses seguidos de dolor, de olor a hospitales para finalmente morir veinte años después de una manera peor. ¿Por qué la gente se aferra a la vida? Pues por miedo, por ninguna otra cosa. Además si se me va, siempre tendré sus fotos y sus recuerdos, que al final es lo último que nos queda. Ya ve, al final ni la muerte le gana a la vida. Me da éste, me gustó el color y no está nada caro— dijo mientras tocaba el ataúd que había estado mirando desde hacía tiempo atrás.
Rubén asintió y fue hacia el mostrador, tomó uno de los recibos y comenzó a escribir la descripción y precio del féretro, estaba irritado por la forma en la que se sentía. Creía que en toda aquella conversación el hombre lo estaba tratando de humillar y solo lo contradecía para poder burlarse de él. Entregó el comprobante y recibió la mitad del dinero del total.
— ¿Cuánto le dijeron que le queda de vida?—preguntó Rubén al peculiar personaje que acaba de conocer.
—Como dos o tres meses, yo ya estoy más que listo… creo… Ya cuando pasa es diferente. Bueno, se me hace tarde, tengo que ir a verla antes de la terapia, mucho gusto hablar con usted—. Se despidió el hombre y caminó hacia la salida con la misma forma en la que llegó. Rubén lo observó y continuó con su trabajo, no sin antes sentir cierto alivio.
Eran las 8 de la mañana. Rubén se despertó, encendió el televisor y continuó a prepararse un café como todos los días. Se dirigió a la cocina, tomó una taza, el café, el azúcar y emprendió la travesía de calentar un poco de agua, tenía la extraña costumbre de ver como llegaba al punto de ebullición; las pequeñas burbujas llegando a la superficie, multiplicándose y aumentando de tamaño le producía cierto encanto.
El agua estaba caliente, pero hacía falta algo, un periódico, salió a la tienda de la esquina y lo compró. — ¿No quiere veneno para ratas? — Preguntó el dueño de la tienda, tenía semanas haciéndole la misma pregunta. —Sí, pero poco— respondió, más para que le dejara de preguntar lo mismo que comenzaba a molestarle, que por necesitarlo, nunca había tenido problemas con los roedores, habían aparecido de vez en cuando en su casa, pero nunca nada para alarmarse, con el tiempo terminaban por irse de la misma forma en la que habían llegado.
Abrió el diario, el día de todos los santos y las celebraciones que ocurrieron durante éste abarrotaban toda la publicación. Pasó de hoja en hoja hasta llegar a un encabezado interesante, “Se suicida empresario adicto al juego”, decía el encabezado. Era el hombre con el que había charlado sobre su esposa hacía meses. Al parecer no había soportado la pérdida de ésta y se había dado un tiro en la cabeza, lo único que había dejado era una nota en la que se despedía.
— ¿No que nada le ganaba a la muerte?— dijo Rubén mientras sorbía de su café.











avatar
El Extranjero

Mensajes : 7

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.