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Tipos de personajes

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Tipos de personajes

Mensaje por Jesho el Miér Nov 30, 2011 1:10 pm

El protagonista

Necesitas un protagonista, sea hombre o mujer. Escríbele una breve historia. Aunque no aparezca en detalle en la narración principal, puede ser importante para que te formes una idea clara de cómo es: ¿Dónde nació? ¿Cómo se crió? ¿Qué quiere hacer en la vida? ¿Qué le gusta, o qué detesta? ¿Quiere llegar a ser rey, o aspira a salvar a su familia de la ruina, o sueña con ser futbolista profesional, o con ser cantante, o caballero, o con trabajar en una tienda de música? Todos los datos relevantes que formen su personalidad deben hallarse en esa historia, aunque —repetimos— no aparezcan en la narración. Sólo te servirán para entender a tu criatura y por qué motivo decide embarcarse en una aventura y actuar como lo hace. Los motivos pueden ser muchos, pero básicamente son dos: o busca algo, o escapa de algo.

Tu protagonista quizá sea un héroe —o heroína— y cuenta con gran astucia y valentía, u otras cualidades que hacen único al personaje. Siempre tendrá algún rasgo destacado: a lo mejor sabe manejar la espada, o es muy hábil con los ordenadores, o sabe todo lo que hay que saber sobre crímenes o sobre fútbol. Puede que tenga un físico atractivo, y gran nobleza de corazón. Sin embargo, lo que le hará humano serán sus debilidades. Búscale una o dos, y verás cómo se hace más interesante. Hay dos tipos de debilidades: las físicas y las emocionales. Las debilidades físicas consisten en alguna peculiaridad de su cuerpo que lo limita: resulta que no es guapo, sino feo; o padece una enfermedad, o alguna limitación corporal que debilita su ánimo; quizá es manco, o debilucho, o cojea de una pierna desde que se cayó de un caballo, o es demasiado bajo o demasiado alto. Las debilidades emocionales son mucho más atrayentes (tiene miedo de la oscuridad, o del ridículo, o no confía en las personas, o es demasiado cándido, o es un glotón, o miente…). Son más intensas porque, tarde o temprano, el protagonista tendrá que superarlas. Habrá de vencer su miedo, o su tendencia a la ira, o su codicia, o su claustrofobia, o su desánimo. Quizás ha hecho algo muy malo, lo cual le atormenta, y por eso desea redimirse, o reparar el mal causado. O acaso es egoísta, y al final debe desprenderse de lo que deseaba.

Observa: si en la trama el personaje consigue superar sus limitaciones, físicas o emocionales, la historia ganará en consistencia. Mira cómo se sobreponían a sí mismos Chicken Little, o el pececito Nemo, o Frodo Bolsón. Sherlock Holmes o el doctor House son genios como detectives o médicos; pero el primero desprecia a los humanos, y sufre de drogodependencia; y el segundo además es un cascarrabias, y le duele constantemente la pierna. Esos rasgos les hacen vulnerables y por lo tanto interesantes, pero si se dejan vencer por ellos, se destruirán.

Por el contrario, un protagonista demasiado poderoso deja de interesarnos. Eso le pasa a Neo, en la segunda película de Matrix (con demasiadas peleas previsibles, que no hacían avanzar la acción). Incluso Supermán necesita la kryptonita.

El antagonista

Ahora hace falta un antagonista. Muchas veces es el “malo” de la historia, pero no es necesario que sea “malo”. El antagonista es el que se opone al protagonista para que éste consiga lo que quiere. Puede ser su padre, o un amigo que no le permite lograr lo que se propone. De todos modos, lo más frecuente es que sea el malvado.

El conflicto entre el protagonista y antagonista es el alma de la historia. Hay conflicto cuando ambos se enfrentan por ganar alguna cosa (un objeto mágico, por ejemplo; pero también puede ser el prestigio ante los demás, el éxito, el amor de alguien…). El triunfo de uno implica la derrota del otro, y eso es conflicto. Ahora, para crear al antagonista, repetimos el mismo proceso: el antagonista ha de ser único en sus cualidades y también en sus defectos: es fuerte, pero vanidoso; o es una mujer hermosa, pero cruel; quizá es muy astuto, pero codicioso…

Observa: el antagonista debe resultar opuesto al protagonista: Si el protagonista es físicamente débil, el antagonista será fuerte; si uno es bello, el otro monstruoso; si uno es miedoso, el otro valeroso, etcétera. No se trata de que sean opuestos absolutamente en todo, aunque sí en los rasgos principales sobre los que gira la historia. Clark/Supermán es generoso y altruista; Lex Luthor es egoísta y ambicioso. Batman es un justiciero, oscuro y serio; el Joker es un criminal sádico y bromista. Recuerda: los polos opuestos se atraen.

Truco para crear un buen “malo”: búscale siempre algún rasgo humano, y si es posible, que incluso ese rasgo sea atractivo: puede que se trate de un malvado, pero lo arriesga todo por amor (así, Drácula, o el Imhotep de La momia). Quizá sea un bandolero despiadado, pero trata con cariño a una mascota que le acompaña. O es un tirano, pero tiene sentido del humor. El gran actor Peter Ustinov recomendaba: “ningún héroe sin debilidad, ningún malvado sin corazón”.

Y además, debe tener un motivo claro para comportarse como lo hace. El capitán Barbossa (de Piratas del Caribe) tiene razones para ser cruel, pues desea escapar de una maldición. También tiene sus rasgos humanos: tiene sentido del humor y le gustan las manzanas.

Por otra parte, los mejores malvados son los que dicen la verdad, y tratan de derrotar al héroe con ella. Por ejemplo Magneto, el enemigo de los X-Men. Es un malvado muy notable, puesto que podemos entender por qué es tan cruel: tiene miedo de que se repita el suplicio que ya vivió una vez a manos de los humanos, durante los horrores de Hitler. Eso no le da la razón, pero ayuda a entender por qué se comporta así. El antagonista debe ser siempre tan interesante como el protagonista, o incluso más. En cambio, si sólo creamos al típico “malvado malvadísimo”, caeremos en un cliché poco interesante. Si has visto Hellboy, por ejemplo, sabrás de lo que hablo. Ahí el protagonista y su grupo estaban bien, pero el grupo de antagonistas resultaba demasiado plano, sin profundidad ni atractivo. El mejor antagonista no es el más poderoso, sino el más humano, sea malvado o no.

A veces el antagonista (o el protagonista) pueden ser colectivos. También el antagonista puede ser la naturaleza, o incluso un sentimiento.



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